Epílogo
SI estamos de acuerdo con Cervantes cuando dice que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago, habrá que reconocer que la longevidad y buena salud de tantos albaycineros se debe, en gran parte, a las excelencias de su cocina. Espero que me lo confirme mi amigo Antonio Alarcón “el Colillas”, que con más de ochenta años se anda diariamente seis o siete kilómetros y conserva, junto con un envidiable estado de salud, la memoria y la lucidez de sus mejores tiempos. Me cuenta que conoció a mi tío Luis, el hermano de mi padre que se casó con Mercedes, la hija de la dueña de Cafetín de la plaza larga, allá por los primeros años 30, y recuerda infinidad de historias y sabrosas anécdotas del Albaycín del pasado siglo.






GRAN jornada la de la romería a San Miguel. Para empezar, recordaré un hecho acaecido hace 60 años y que cuenta Joseíco el Cirre, lo que da la medida de la importancia que adquirió «la subida al Cerro» y el personal que acudía. Resulta que cayó una enorme tormenta que arrastró cuestas abajo tal cantidad de almecinas, majoletas, acerolas, erizos de castaño y demás vituallas para los peregrinos, que se llenó totalmente la Plaza Nueva.






